Hoy quiero hablaros de mis rincones preferidos para leer. No quiero decir con esto que solo disfruto de la lectura en estos entornos, sino que en ellos la disfruto aún más.
El primero de ellos es un rincón de la biblioteca Central de Santander. Bajo un gran ventanal que da a un patio, han colocado unos cómodos cojines. Allí me siento tras escoger un libro de las estanterías, que están atiborradas de volúmenes nuevos e inexplorados. Abro el libro, comienzo a leer, y me sumerjo en un nuevo universo. Este lugar me gusta porque tiene un ambiente muy agradable. Al mirar por la ventana, se ve en el patio una fuente de piedra, cuyas aguas corren cristalinas. Entre las grietas del suelo, también de piedra, crecen descuidadamente hierbas salvajes. Al otro lado del patio, se ven las salas de estudio, donde algunos alumnos, ansiosos por sacar buenas notas, están enfrascados en sus cuadernos y apuntes.
Otro de mis lugares preferidos es la biblioteca del museo Victoria & Albert, en Londres. Aunque solo he estado en ella una vez el verano pasado, me gustó de inmediato. La biblioteca entera es de la época victoriana. Es un lugar magnífico y antiguo, en el que parece haberse parado el tiempo. Hay dos pisos, el segundo con una apertura que forma un balcón sobre el primero. Las mesas, aunesque desgastadas y con manchas de tinta, están muy bien conservadas. Tienen pequeños agujeros, donde antiguamente se colocaban los tinteros. En las estanterías, volúmenes grandes, gruesos, con tapas de cuero, cubiertos de polvo y desgastados por su uso y edad. Son libros tan valiosos que no pueden ser prestados como en otras bibliotecas. Pedí un libro y el bibliotecario me dirigió a una mesa, y me senté. Simplemente tener uno de esos magníficos ejemplares en mis manos me pareció un honor. El único sonido era el de la respiración tranquila de la gente y el suave crujido de las páginas. ¡Qué delicia!
Y finalmente, otro de mis lugares favoritos para leer es mi casa. En invierno, cuando la lluvia golpea los cristales, y el viento aúlla afuera, me gusta acurrucarme en el sofá, e hundirme en la lectura; en verano, me encanta tumbarme a la sombra de un árbol, sus hojas meciéndose en la leve brisa, los rayos de sol acariciándome el rostro, con un buen libro entre las manos.
Los libros son para mí mucho más que un montón de hojas impresas en las que se desarrolla una historia. Es un mundo oculto que conocemos cada vez más con cada capítulo, cada página, cada frase, cada palabra.
Una vez leí un refrán sobre los libros que quiero compartir con vosotros:
“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazon que llora”.
Proverbio hindu
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